Análisis-Articulación: “El ángel exterminador” (Buñuel, 1962) y “El malestar en la cultura” (Freud, 1930)

Pareciera ser que los cineastas del tipo de películas llamadas surrealistas realizaran una asociación libre de ideas en un proceso creativo donde lo “irracional” tiene perfecta cabida. El resultado artístico da un conjunto de situaciones y símbolos cuyo significado permanece en un misterio muy seductor. Luis Buñuel era, además de uno de estos cineastas, un amante del misterio y de la renuncia voluntaria del intento de desenmascararlo. Sin embargo, la tentación es muy fuerte y algunos de los que vemos sus obras no podemos evitar el intento de interpretarlas. El análisis que sigue es una de las múltiples lecturas que se le puede dar a uno de sus films, en este caso desde una articulación con el psicoanálisis freudiano, particularmente en base al texto “El malestar en la cultura” (1930). No se pretende elaborar nada parecido a un hipotético diagnóstico, ni verificar una teoría por verla reflejada en una película. Este ejercicio no es más que una interpretación de símbolos parcial, una articulación libre. Aclarado este punto, espero que la interpretación se perciba menos violenta y la pequeña traición a Buñuel pase a ser una simple travesura.

AngelExterminador2


ESTE ARTÍCULO DESVELA
DETALLES DE LA TRAMA DEL FILM


La película que nos ocupa es “El ángel exterminador” (Buñuel, 1962), en la cual no existe un protagonista como tal. En este caso particular, los personajes funcionan como miembros de una masa protagónica desprovista de conductor. El interés común que une a los individuos de esta masa, caracterizada como “de clase social alta”, es la participación en una cena refinada, de etiqueta. Durante la cena, uno de los camareros tropieza torpemente y cae al suelo, momento en el cual la burguesía (así llamaremos a nuestra masa protagonista) estalla en una carcajada conjunta creyendo erróneamente que la caída había sido preparada por los anfitriones como entretenimiento cómico. La anécdota es vivida con notable goce por parte de la burguesía, lo cual nos aleja de pensar que las risas fueran únicamente causadas por la comicidad física de la caída. Podemos interpretar, pues, que hay aquí un contenido inconsciente reprimido que en ese momento se hubiera manifestado en forma de chiste (Freud, 1905). Es posible conjeturar que hay un placer sádico en la burguesía con respecto a la humillación de la servidumbre, placer que ha de ser reprimido a causa del sentimiento de culpa y angustia que genera (Freud, 1930). Solo se le permite a este contenido manifestarse a través del chiste.

AngelExterminador

Uno de los comensales, sin embargo, ha permanecido serio entre las risas y comunica su descontento señalando que a él no le ha hecho ninguna gracia. Preocupada por no agradar a sus invitados, la anfitriona se dirige a la cocina para pedir que se esconda el verdadero chiste preparado. Nunca se explicará al espectador en qué iba a consistir la sorpresa, pero sabremos que se componía de un rebaño de ovejas y de un oso. Por ahora estos elementos posiblemente simbólicos permanecen en absoluta incógnita y sólo avanzando un poco más en la trama podremos darles un sentido particular. El conflicto central de la película se articula un rato después, cuando los asistentes se dan cuenta de que están atrapados en una habitación explícitamente abierta. La causa del encierro colectivo, pues, no es física ni racional. Notamos que hay una imposibilidad práctica de realizar una acción sencilla y cotidiana (abandonar una fiesta) que nos habremos de dar la licencia de calificar como síntoma de un conflicto psíquico de la burguesía. Como “el síntoma proviene de lo reprimido” (Freud, 1932) se hace necesario intentar conocer qué es aquello que está reprimido. Los asistentes permanecen días sin salir padeciendo desesperadamente, como si fueran náufragos o supervivientes completamente perdidos. En este estado de supuesta decadencia, las normas sociales y de convivencia van perdiéndose y los individuos de la masa se comportan progresivamente como animales salvajes. Freud (1930) sostiene que el malestar social se genera por culpa de las propias normas de la cultura, que imposibilitan la realización de las pulsiones que son naturales al hombre. Es desde este enfoque desde el cual podemos pensar el contenido del chiste de los animales escondidos. En el chiste se manifiesta lo inconsciente y en este caso lo inconsciente estaba compuesto por un grupo de animales. La analogía se hace clara si hablamos de una pulsión de placer primitiva, casi animal, que intenta liberarse de las normas del superyo que son las que generan el malestar colectivo.

AngelExterminador3

Reordenando lo expresado, hay que resaltar que: el conflicto psicológico de la masa protagónica se expresa a través de la imposibilidad de salir de un sitio abierto; que este conflicto tiene que ver con la represión de la cultura del principio de placer; que el inconsciente de la burguesía desearía romper las normas culturales y volver a un estado salvaje animal para satisfacer las pulsiones sexuales y sádicas más humanas (pues como se ha visto en el goce colectivo de la caída del mozo, hay un deseo de humillación del otro propio de una pulsión de muerte dirigida hacia el objeto externo (Freud, 1930)). Hay un rechazo inconsciente al supuesto progreso que se ha generado a través de la cultura, sobretodo en lo que refiere a las prohibiciones de ciertas conductas libidinosas o agresivas, tesis que parece coincidir con la que propone Freud en “El malestar en la cultura” (1930). El hecho de que los burgueses no salgan de la habitación abierta constituye un acto de masoquismo colectivo. La pulsión de muerte destructiva, tan mal vista por una sociedad profundamente moralista, es reprimida y en su lugar deviene autodestructiva. La burguesía participa así de una humillación de si misma, rompiendo sus propios códigos. En la película, cuando los primeros individuos se desvisten en frente de los demás para ir a dormir, una indignada anfitriona le dice a su marido: “estoy segura que cuando recapaciten sobre su conducta se sentirán avergonzados.” Tras lo cual, él responde: “es seguro. Y quisiera poder evitarles ese bochorno. Pongámonos a su nivel.” Dicho lo cual, proceden a desvestirse ellos también. Tal y como expresa Freud (1921), en la masa, lo instintivo y salvaje aflora y se contagia con mucha facilidad. Lo inconsciente se manifiesta a través del colectivo, ya que “el individuo que entra a formar parte de una multitud se sitúa en condiciones que le permiten suprimir las represiones de sus tendencias inconscientes” (Freud, 1921). A medida que avanza la trama cada vez habrán menos conductas reprimidas: incluso los amantes que antes se veían en secreto ahora se besan apasionadamente en público.

AngelExterminador4

Casi llegando al clímax de la película, el desarrollo fílmico toma un nuevo giro. Un sector de los asistentes culpa al anfitrión de estar conspirando de algún modo en el inexplicable encierro y manifiesta hacia él un deseo de destrucción. “Lo que queremos es terminar con él”, afirman. A lo que una minoría, entre ellos el doctor, se opone. Una refinada dama en decadencia gritará: “Maten al doctor también, por algo se opone”. Freud (1921) escribió que “las multitudes llegan rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en segundos, un odio feroz”. Sin embargo, la defensa del doctor jugará un papel importante a la hora de boicotear el inminente linchamiento público del anfitrión. “Piensen antes en las terribles consecuencias de lo que van a hacer. Este vil atentado no será el único. Supone la desaparición de la dignidad humana. El convertirse en bestias.” Llama la atención que vuelva a aparecer el concepto de volver al estado de bestias, a lo que podríamos llamar también la vuelta a la horda primitiva (Freud, 1921). El deseo de eliminar al anfitrión parece estar apelando al recuerdo inconsciente más claramente parricida, aquel que Freud describe en “Totem y Tabú” (1913) cuando los miembros de una tribu deciden asesinar al patriarca de la familia para poder fornicar libremente con las mujeres del mismo totem. Cabe pensar que, sin saberlo, nuestra burguesía protagónica interpreta este razonamiento con tintes edipicos: como el amo (padre) de la casa donde se deben guardar las formas es el culpable de reprimir los placeres del grupo, el problema se soluciona a través de su eliminación (parricidio). Poco después de haber exteriorizado estos deseos de asesinato explícito, el conflicto parece solucionarse. La burguesía es capaz de abandonar el salón y salir al exterior de la misma manera que ha sido capaz de hacer consciente algo que estaba reprimido. Sin embargo, el síntoma regresará como un boomerang, pues el conflicto se repetirá cuando se vean esta vez atrapados en una iglesia, miembros de una masa mayor y aún más encerrada en sí misma.

Referencias:

Freud, S. (1980) El chiste y su relación con lo inconciente. En Obras completas Tomo VIII. Buenos Aires: Amorrortu. 1905.

Freud, S. (1980) Totem y Tabú. En Obras Completas Tomo XIII. Buenos Aires: Amorrortu. 1913.

Freud, S. (1980) Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras Completas Tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrortu. 1921.

Freud, S. (1980) El malestar en la cultura. En Obras Completas Tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu. 1930.

Freud, S. (1980) Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 31ª conferencia. La descomposición de la personalidad psíquica. En Obras Completas Tomo XXII. Buenos Aires: Amorrortu. 1932.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s